Estamos en un momento crucial para los partidos políticos y el destino de la democracia en Venezuela: El momento de la selección de los candidatos a ser postulados por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para la Asamblea Nacional. Los estudios de opinión cuantitativos de todas las tendencias revelan el poquísimo porcentaje de la población que milita en los partidos y el escaso apoyo que estas organizaciones tienen dentro de la estructura social del país. No obstante, desde el punto de vista cualitativo, no se puede negar el papel protagónico que estas instituciones juegan en la vida de un país, donde ellos tienen la representación legal ante los organismos electorales y ante las instancias del poder. Distinta – y muy dispareja por cierto – es la situación de otras organizaciones o personalidades de la vida social, como los actores políticos independientes y organizaciones de la sociedad civil. Estos pueden ser mayoría en términos numéricos, pero no ostentan la representatividad legal ante los órganos del poder público y particularmente, los electorales.
Difícil y nada envidiable papel les corresponde jugar a los dirigentes de los partidos: Ellos saben que tienen poco apoyo popular, pero tienen todo el poder para imponerse en las decisiones que les corresponde tomar.
Esta reflexión viene a tono en el momento de la proximidad de las decisiones de la MUD para la selección de los candidatos ante la Asamblea Nacional. Lo sabio y prudente (cosa tan difícil, hermano ¡!) es que los dirigentes de partidos reconozcan esta realidad del tamaño de un templo y den paso civilizado a personalidades independientes para integrarlos a una gran alianza por el recate de la democracia, dándoles cabida en la representación parlamentaria.
Nadie cede espacios de manera gratuita y es absurdo pensar que las posiciones se otorgan como cheques en blanco. Hace falta un compromiso ético, moral y republicano entre los sectores partidistas y miembros de la sociedad civil para trascender al hecho electoral del 26 de Septiembre y poder empezar a construir la UNIDAD que se requiere para la recuperación de la democracia.
Nuevamente, resaltamos la idea de este mensaje: Difícil y nada envidiable papel les corresponde jugar a los dirigentes de los partidos: Ellos saben que tienen poco apoyo popular, pero tienen todo el poder para imponerse en las decisiones que les corresponde tomar.
Y ahora agrego: “Ojala que las proximas decisiones las tomen pensando en la mayoría que dicen representar y no pensando en su propio pellejo” .
Luis Homes. 31 de Marzo, 2010
Excelente, esperemos que los partidos de verdad tengan apertura
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